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Híbrido

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Escucho la nada tras tu ausencia. Sí, el silencio se oye: es ensordecedor. Me has dejado en cueros con tu marcha. El abrigo de tu piel cubría mi deformidad: las escamas. No me queda más piel que mudar, la malgasté en otros tiempos, en otras vidas; al igual que dilapidé mi corazón y mis pulmones en el empeño de mitigar la hambruna por el amor prefabricado. Tras la crueldad de tu partida vuelvo a ser el híbrido, la mujer pez cuyas branquias no se adaptan a este inhóspito desierto. El lastre de la ambivalencia de tus sentimientos desequilibra el “fiel”  de mi memoria que me transforma en el ser mitológico. Y me hallo en la escama de una sirena, en su quietud porque rota la fe permanece la espera. Mientras, mi voz se emancipa de un posible anhelo y entona un canto no verbalizado carente de verdad alguna .

Te amarras a las cadenas del pasado para no sucumbir a la seducción de la melodía, entretanto, tu barco se diluye en una realidad que adquiere sentido para los demás, pero no para nosotros…

El último viaje

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Un número hubiera marcado la diferencia.  191, tú, conmigo.193, yo, contigo.  Todo apuntaba hacia esas dos variables, pero un pequeño detalle cambió la historia: unos zapatos.   Los que tú me regalaste, ¿los recuerdas? Eran un capricho, poco práctico por su altura, por eso los guardaba para una ocasión especial. Los mismos que aquel día se negaban a seguir tus pasos que acelerados rehusaban perder ese tren. Quizá sabían que se dirigían hacia un futuro incierto. No lo sé, siempre fue un misterio aquella elección.   Tú sonreías ante la situación…  «No te preocupes, estás guapísima. Marcho sin ti, eso sí, te veo a la hora de comer, pequeña. No puedo perderlo».   Y me robaste un beso, el último. No te volví a ver jamás. Solías decir que había destinos a los que se necesitaba ir solo. Ni siquiera imaginaba que aquel sería un viaje solo de ida. Y lo peor, sin mí. 

No sé si fueron minutos o segundos los que pasaron cuando el cielo se tiñó de negro y olía a muerte. Fue un pensamiento fugaz, pero sent…

LETARGO

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Vivir
                   para desangrarse
                   y hacerse un torniquete
                   con la venda de los ojos,
                   o morir.

                   Para encontrar 
                   en el inconsciente miedo
                   la libertad olvidada
                   y hacer de lo malo conocido
                   algo bueno por conocer.

                   Vivir 
                   para amar
                   sin olvidarse de uno mismo
                   ni esperar
                   el beso ajeno
                   de unos labios
                   que te devuelva la vida.

                   Vivir
                   para escribir,
                   y acercar el alba
                   a los que sin sueños
                   todavía duermen.





Los días que nos separan

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LOS DÍAS QUE NOS SEPARAN

¿Recuerdas el sitio del que te hablé? He vuelto. Lo sé, no te gusta que suba hasta allí porque tiendo a perderme. En mi defensa diré que lo intenté —quedarme a tu lado—, pero no encontré motivos. Los busqué, llegué casi a inventarlos aunque una decepción me llevó a otra peor y, escalón a escalón, me alejé del suelo. Las raíces que me aferraban a éste se enredaban en la barandilla e impedían la huida. Se adherían a mi piel despertando su memoria; dolía tu recuerdo. No paré y, resquebrajados por doquier, dejé los vestigios de mi apego, muerto e inerte.  Subí hasta el último peldaño, y ahí estaba, nada había cambiado. Cuatro paredes garabateadas con palabras que nunca fueron pronunciadas, desorden y caos. Al fondo, una puerta entreabierta: mi azotea.  Salí y me senté en la cornisa, como hacía antes de tí, desafiando la gravedad con el balanceo de mis piernas sobre la nada. La ira crecía y con ella mi bamboleo —es lo que tiene la ira, te lleva a cometer actos suicidas…

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

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Aquel, no iba a ser un día cualquiera en el Edén. Allá, en lo alto del jardín, Dios observaba su obra meditabundo y con enorme pasión en sus ojos.
“Todo esto no tendrá sentido si no hay nadie que lo habite y lo llene de vida”, pensó.
 Y fue de esta manera como Dios creó la gran obra, a su imagen y semejanza: Eva, nuestra primigenia.
Ella poseía su misma capacidad de amar, de entrega y sacrificio; inclusive la había regalado el don de la creación. Era realmente perfecta.
Eva era feliz, y él con ella.
No obstante, un buen día, decidió que necesitaba compañía.
—Eva, pasas mucho tiempo sola, crearé para ti un compañero.
—Umm…gracias, pero no es necesario. Soy bastante independiente y no echo en falta a nadie.
—Esa es mi mayor preocupación, créeme. Necesitas sentirte parte de alguien Eva, que os apoyéis mutuamente y, sobre todo, vivir en pareja.
—Sin ofender, Dios, no me atrae la idea. Pero, dime ¿sería como yo?
—No lo tengo claro, pienso que lo mejor sería que fuerais diferentes pa…
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TRES NO SON MULTITUD
    Oigo la cama protestar y agudizo mis sentidos; creo que alguien se ha levantado de ella. Maldito chirrido.  “Debería haber cambiado el colchón hace tiempo” me recuerdo y prometo que de esta semana no pasa. Con ello, mi mente se dispersa.  Descarto que sea mi marido que yace a mi espalda, una mano está posada en mi nalga; la otra está enredada en el pelo, mis rizos se tensan ante un movimiento de sus dedos, me pregunto qué estará soñando porque si algo me fascina es que  hasta durmiendo es posesivo.  Abro los ojos y veo a Alexa, se viste con sutil delicadeza para no despertarnos. Observo su desnudez, impávida y provocadora, que me recuerda el sabor que han dejado sus senos en mi boca. Es deliciosa, siempre tan dispuesta a eclosionar una primavera entre nuestras frías sábanas.  Lentamente veo como sube ese minúsculo tanga por sus redondas caderas, sabe que la observo y se deleita colocando sus labios carnosos en tan pequeña tela.  Me levanto y me sonríe…

Preludio: el negro y la garlochí

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Verás que te como un día:
 No te  dejaré ni un hueso
por abrir la puerta mágica,
la de todos mis desvelos.

La noche fue  de satén
y con voz de terciopelo,
de la mano de la Mayte
escaparon mis infiernos.

Infierno que desataste
 por esa tristeza en cueros
que ocultabas tras canciones
donde ahogabas tus deseos.

Ay, mi negro, no te achiques,
siente asumiendo los riesgos
sin medidas y a lo loco
para lo malo y lo bueno.

Y si el corazón se jode
de tantos experimentos
aliviaremos el alma
como nosotros sabemos.

Ay, mi negro, no me falles
que tú la puerta has abierto
recorreremos la ruta
de tu verbo sempiterno.







TIEMPO DE AMAR
(El negro y la Garlochí)