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Preludio: el negro y la garlochí

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Verás que te como un día:
 No te  dejaré ni un hueso
por abrir la puerta mágica,
la de todos mis desvelos.

La noche fue  de satén
y con voz de terciopelo,
de la mano de la Mayte
escaparon mis infiernos.

Infierno que desataste
 por esa tristeza en cueros
que ocultabas tras canciones
donde ahogabas tus deseos.

Ay, mi negro, no te achiques,
siente asumiendo los riesgos
sin medidas y a lo loco
para lo malo y lo bueno.

Y si el corazón se jode
de tantos experimentos
aliviaremos el alma
como nosotros sabemos.

Ay, mi negro, no me falles
que tú la puerta has abierto
recorreremos la ruta
de tu verbo sempiterno.







TIEMPO DE AMAR
(El negro y la Garlochí)





La petite mort

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Será que mis labios tiemblan
y ya me temo el desastre,
al sentir tu boca cerca
de mi cauce al derramarse.

Mas yo no tengo paciencia
y dejo soltar amarres;
tú desdibujas mis penas
al zambullirte en mis mares.

Las olas que nos arrecian
rompen en finos corales
que custodian mis caderas
por estos sismos salvajes.

El terremoto me acecha,
mi epicentro se contrae;
rasgo la cuerda que tensa
mis instintos más carnales.












La piel que habito

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En la corteza de un sauce
       bajo sus ramas lloronas,
       el oscuro símil late
       en mi piel como la roca

      Agrietada por el trance
      del amor y demás cosas;
      ruda corteza que parte
      mi frágil escama rota.

      Visto mi traje de látex
      y me convierto en leona
      con mi corazón de jade
      desinfectado de esporas.

     Soy lo que no dice el aire,
     guardián de mi fría alcoba,
     testigo de mi desgaste
     y del mal que a mí me asola.






































Paula

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Mi pequeña Paula
 Ahora, me pregunto cómo en ese cuerpo tan chico se escondía un ser tan grande.
Inesperadamente, te alojaste en un discreto hueco en las entrañas de tu madre, que no supo de tí hasta que tuviste la fuerza suficiente para tocar a la puerta de su abdomen, ya, algo abultado. Con la misma impaciencia que te hiciste sentir, llegaste una noche, sin previo aviso y antes de hora, bañada en un mar de sangre desafiando las leyes del destino. Pero tu fortaleza era mayor que ese desmadejado cuerpecito tuyo, y junto con tu tenacidad, inclinaron el fiel de la balanza que te devolvió a la vida.
Irrumpiste en una extraña casa, y en unos brazos vacíos que ya no te esperaban; sin tener un nombre en el  que cobijarte porque hasta ahora habías sido solo un fantasma.
Bajo estas circunstancias, tu presencia era lo más parecido a un milagro ya que para tus padres fuiste un desliz, una ecuación mal calculada donde los números sobrepasaban los metros c…

La otra

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LA OTRA

     Sola.
La cruel realidad que acompaña a esta relación de una única dirección. Me siento
atorada en este laberinto y en mi asfixia imagino cómo encontrar la salida; el dolor abre una brecha a la esperanza y eso mantiene viva la savia de mi cuerpo.
Me abrazo a un futuro incierto para huir de un presente donde mi único anhelo es un retorno de sentimientos, el cual, siempre queda varado en la otra orilla.
Mientras alimento tu ego se va desnutriéndo  mi alma al alimentarla de las  migajas del excedente de tu tiempo.
Siempre, a la espera del visado que legalice la entrada a un país que lleva tu nombre.
Voy calmando mi sed con el amargo caldo del amor fermentado que tu verdad rompió con mentiras tejidas en mi maltrecho corazón.
Tres palabras fueron suficientes para que la iconoclasia de nuestro amor furtivo abriera un abismo de humillación entre nosotros: "Eres la otra".

La mujer sin rostro, espalda erguida y piernas abiertas.

 Abandonada en una cortina de excitación me…

Helenas

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Aislada en mi torre frente a un telar sobre el que tejo mis desdichas escucho los gritos histéricos de Casandra:
" Arde Troya".

Traspaso el umbral que me lleva a la balconada y observo impasible la escena. La noche se hace día por los destellos dorados del fuego convirtiendo Troya en una sola antorcha. Las llamas envuelven las murallas y en su interior, la ciudad dormida, muere transformàndose en cenizas.
Troya se consume por el fuego burlón de la pasión inconsciente de Paris y su afán de poseerme.
Él no me quiere, ninguno de los que blanden su espada por mi honor aman a la mujer, solo desean mi belleza.


¡ Mentirosos!
¡ Que arda Troya, y con ella todos los hombres que destrozaron mi dulzura interna!

Oigo tocar la puerta, es Casandra, que con voz compungida me da la noticia:

- Emperatriz, su amado Paris ha fallecido en el fragor de la batalla.

Unas lágrimas recorren mis mejillas, no es su muerte la que lloro sino la mía.
Me refugio en un rincón del habitáculo, oigo el ch…

Parkinson

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Por vida, una paleta desprovista de colores,
tan solo,
un binomio en blanco y negro, burlesco,
de idas y venidas al hospital.
Metáforas, antítesis e ironías,
otra forma de vivir
que una pluma desgastada
acoge en su seno desnudo.

Y, ahora, un nuevo amigo, compañero de viaje.

Su abrazo axfisia tus miembros,
su ira, hace temblar tus pilares
e intenta apagar ese candil,
luz ínfima de tu alma.

Camina junto a tí, y le tiendes la mano,
para que lo haga contigo.
Le susurras al oído,
en el intento de que no lo olvide:
Yo; tú
aceptándolo como parte de ti, pero siempre,
tú primera.
Has ganado la primera batalla, sin violencia,
Tú redención ha convertido al enemigo
en amigo:
Parkinson, dices que se llama.