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        TRES NO SON MULTITUD     Oigo la cama protestar y agudizo mis sentidos; creo que alguien se ha levantado de ella. Maldito chirrido.   “Debería haber cambiado el colchón hace tiempo ” me recuerdo y prometo que de esta semana no pasa. Con ello, mi mente se dispersa.  Descarto que sea mi marido que yace a mi espalda, una mano está posada en mi nalga; la otra está enredada en el pelo, mis rizos se tensan ante un movimiento de sus dedos, me pregunto qué estará soñando porque si algo me fascina es que  hasta durmiendo es posesivo.  Abro los ojos y veo a Alexa, se viste con sutil delicadeza para no despertarnos. Observo su desnudez, impávida y provocadora, que me recuerda el sabor que han dejado sus senos en mi boca. Es deliciosa, siempre tan dispuesta a eclosionar una primavera entre nuestras frías sábanas.  Lentamente veo como sube ese minúsculo tanga por sus redondas caderas, sabe que la observo y se deleita colocando...

Preludio: el negro y la garlochí

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Verás que te como un día:  No te  dejaré ni un hueso por abrir la puerta mágica, la de todos mis desvelos. La noche fue  de satén y con voz de terciopelo, de la mano de la Mayte escaparon mis infiernos. Infierno que desataste  por esa tristeza en cueros que ocultabas tras canciones donde ahogabas tus deseos. Ay, mi negro, no te achiques, siente asumiendo los riesgos sin medidas y a lo loco para lo malo y lo bueno. Y si el corazón se jode de tantos experimentos aliviaremos el alma como nosotros sabemos. Ay, mi negro, no me falles que tú la puerta has abierto recorreremos la ruta de tu verbo sempiterno. TIEMPO DE AMAR (El negro y la Garlochí)

La petite mort

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Será que mis labios tiemblan y ya me temo el desastre, al sentir tu boca cerca de mi cauce al derramarse. Mas yo no tengo paciencia y dejo soltar amarres; tú desdibujas mis penas al zambullirte en mis mares. Las olas que nos arrecian rompen en finos corales que custodian mis caderas por estos sismos salvajes. El terremoto me acecha, mi epicentro se contrae; rasgo la cuerda que tensa mis instintos más carnales.                 

La piel que habito

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       En la corteza de un sauce        bajo sus ramas lloronas,        el oscuro símil late        en mi piel como la roca       Agrietada por el trance       del amor y demás cosas;       ruda corteza que parte       mi frágil escama rota.       Visto mi traje de látex       y me convierto en leona       con mi corazón de jade       desinfectado de esporas.      Soy lo que no dice el aire,      guardián de mi fría alcoba,      testigo de mi desgaste      y del mal que a mí me asola.

Paula

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                                      1 Mi pequeña Paula  Ahora, me pregunto cómo en ese cuerpo tan chico se escondía un ser tan grande. Inesperadamente, te alojaste en un discreto hueco en las entrañas de tu madre, que no supo de tí hasta que tuviste la fuerza suficiente para tocar a la puerta de su abdomen, ya, algo abultado. Con la misma impaciencia que te hiciste sentir, llegaste una noche, sin previo aviso y antes de hora, bañada en un mar de sangre desafiando las leyes del destino. Pero tu fortaleza era mayor que ese desmadejado cuerpecito tuyo, y junto con tu tenacidad, inclinaron el fiel de la balanza que te devolvió a la vida. Irrumpiste en una extraña casa, y en unos brazos vacíos que ya no te esperaban; sin tener un nombre en el  que cobijarte porque hasta ahora habías sido solo un fantasma. Bajo estas circunstancias, tu presencia era lo más parecido a un milagro y...

La otra

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LA OTRA      Sola. La cruel realidad que acompaña a esta relación de una única dirección. Me siento atorada en este laberinto y en mi asfixia imagino cómo encontrar la salida; el dolor abre una brecha a la esperanza y eso mantiene viva la savia de mi cuerpo. Me abrazo a un futuro incierto para huir de un presente donde mi único anhelo es un retorno de sentimientos, el cual, siempre queda varado en la otra orilla. Mientras alimento tu ego se va desnutriéndo  mi alma al alimentarla de las  migajas del excedente de tu tiempo. Siempre, a la espera del visado que legalice la entrada a un país que lleva tu nombre. Voy calmando mi sed con el amargo caldo del amor fermentado que tu verdad rompió con mentiras tejidas en mi maltrecho corazón. Tres palabras fueron suficientes para que la iconoclasia de nuestro amor furtivo abriera un abismo de humillación entre nosotros: "Eres la otra". La mujer sin rostro, espalda erguida y piernas abiertas.  Abandonada ...

Helenas

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                  Aislada en mi torre frente a un telar sobre el que tejo mis desdichas escucho los gritos histéricos de Casandra: " Arde Troya". Traspaso el umbral que me lleva a la balconada y observo impasible la escena. La noche se hace día por los destellos dorados del fuego convirtiendo Troya en una sola antorcha. Las llamas envuelven las murallas y en su interior, la ciudad dormida, muere transformàndose en cenizas. Troya se consume por el fuego burlón de la pasión inconsciente de Paris y su afán de poseerme. Él no me quiere, ninguno de los que blanden su espada por mi honor aman a la mujer, solo desean mi belleza. ¡ Mentirosos! ¡ Que arda Troya, y con ella todos los hombres que destrozaron mi dulzura interna! Oigo tocar la puerta, es Casandra, que con voz compungida me da la noticia: - Emperatriz, su amado Paris ha fallecido en el fragor de la batalla. Unas lágrimas recorren mis mejillas, no es su muerte la que llor...